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PACHA ARU - LA VOZ DE LA TIERRA 12 DE OCTUBRE 2002
Marco Legal Contra la Discriminación y el Racismo con los Pueblos Indígenas
Los Pueblos Indígenas Los Pueblos Indígenas en las Américas somos 50 millones ocupando el Perú el segundo lugar con una población de 10 millones de indígenas, de la cual aproximadamente el 50 % está compuesto por mujeres. Los Pueblos Indígenas somos portadores de una riqueza cultural a través del legado de nuestras civilizaciones antepasadas, las cuales constituyen un valor, debiendo ser reconocidas como patrimonio cultural e intelectual propio de nuestros pueblos, el cual puede ser compartido con la sociedad no indígena. Los Pueblos Indígenas del Perú representamos el 60 % de la población nacional, pertenecientes a las civilizaciones y pueblos prehispánicos con una antigüedad de 20 mil años, constituidos en más de 60 pueblos que habitan la región amazónica, los pueblos quechua y aymará ubicados en la región andina, incluyendo a los indígenas que vivimos en las zonas urbano marginales y periféricas de la capital; con la presencia de 600 mil desplazados/as por la violencia política ocurrida en nuestro país contando además, con los pueblos Mochica y Tallán ubicados en la costa Norte del Perú, quienes están haciendo esfuerzos para recuperar su identidad. Del total de la población nacional, estimada en 25 millones de habitantes, el 18 % se encuentra en condición de extrema pobreza siendo en su mayoría los indígenas, especialmente las mujeres indígenas. El analfabetismo a nivel nacional alcanza el 11.4 %. En el caso de las mujeres indígenas se da en un 25 % frente a un 8.8% en los varones, así mismo, la situación de la mujer indígena se ve gravemente reflejada en altos índices de desnutrición, alta tasa de mortalidad, en el no acceso a los servicios básicos de salud, etc. Es así, que podemos afirmar que los Pueblos Indígenas hemos sido históricamente postergados, como muestra de una ideología occidental hegemónica, en lo político, social, económico y cultural, siendo víctimas de discriminación por nuestra lengua, cosmovisión, formas de organización, creencias religiosas y espirituales, conocimientos individuales y colectivos y el no acceso al ejercicio de nuestros derechos fundamentales. La negación de la existencia de la discriminación y el racismo por el Estado y la sociedad contribuye a profundizar las diversas formas de violencia y exclusión. El sistema discriminatorio, centralista, vertical y hegemónico ha obligado a que las/los indígenas campesinos tengamos que dejar nuestras zonas de origen debiendo migrar a las zonas urbano- marginales de las ciudades convirtiéndonos en mano de obra barata a nivel nacional e internacional. El sistema de imposición ha traído la negación sistemática de nuestros derechos individuales y colectivos, negándonos el acceso a la justicia, al reconocimiento de nuestros derechos como Pueblos Indígenas y a nuestras respectivas culturas, así como a los mecanismos propios de administración de justicia indígena. Asimismo, este sistema discriminatorio no nos permite el acceso a la participación justa y equitativa a las oportunidades de educación, empleo, desarrollo económico y nivel de decisiones sobre políticas. Las mujeres indígenas sufrimos la triple discriminación por ser mujer, por ser pobre y por ser indígena campesina, a pesar de generar vida, ser transmisoras de cultura, aportar al cambio, al sustento familiar y al desarrollo del país. El sistema educativo no ha incluido en sus contenidos curriculares nuestras manifestaciones culturales, nuestros idiomas, la cosmovisión del mundo andino/ amazónico, nuestra historia, nuestros aportes y valores. Por otro lado, nuestra imagen e identidad son presentadas de manera negativa y distorsionada en los medios de comunicación por prejuicios de cómo nos ven a las mujeres y hombres indígenas. Finalmente, conscientes de la necesidad de una práctica democrática inclusiva, con equidad, con justicia e interculturalidad, consideramos que es necesario unir fuerzas entre los sectores afectados directamente en la discriminación, marginados y excluidos con el fin de construir una sociedad que privilegie al ser humano basado en el respeto y valoración mutuas. nos permitimos hacer recomendaciones viables y urgentes al gobierno actual: Ø Que se implemente un sistema normativo y regulador que supervigile la manera de cómo se presenta a los Pueblos Indígenas en los diferentes medios de comunicación, debiendo ser el Ministerio de Educación, el ente que realice este papel normativo, regulador y defensor de todo acto que bajo el pretexto de la libertad de expresión presente la imagen de nuestros Pueblos Indígenas de manera caricaturesca y estereotipada, particularmente la de las mujeres, especialmente en la televisión lo cual atenta contra nuestra identidad y dignidad como personas. Ø La política educativa debe incluir en su contenido curricular la diversidad cultural de nuestros Pueblos Indígenas andinos y amazónicos y velar por el reconocimiento de dicha diversidad cultural contribuyendo al cambio de mentalidad en los futuros educandos y enfatizando que somos un país multicultural y plurilingüe, erradicando así toda actitud discriminadora y excluyente. Ø Impulsar una campaña de sensibilización contra toda forma de discriminación y racismo a los Pueblos Indígenas y otros sectores igualmente discriminados a través de los medios de comunicación, con opinión y participación de los directamente afectados. Reconocemos que el avance para el logro de los objetivos para la construcción de la paz, convivencia armónica, fraterna y de respeto mutuo amerita unir esfuerzos entre los sectores afectados, desarrollando una estrategia común con los Estados y movimientos políticos, para lo cual reafirmamos nuestra participación con presencia activa en el movimiento por los derechos humanos de los Pueblos Indígenas y contra toda forma de discriminación a nivel nacional e internacional en la construcción de un nuevo milenio con paz, equidad y justicia. Centro
Cultural Aymara,
Comunicación y Desarrollo
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